¿Cómo cambiarán las expectativas arquitectónicas y el estilo de vida en los próximos años?

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Entre 1950 y 2011, la población urbana del mundo se multiplicó por cinco. En 2007, el número de personas que vivían en las ciudades superó al de las zonas rurales. En 2019, el porcentaje ya era del 55% y se estima que para 2050 más de dos tercios de la población vivirá en ciudades. Pero el crecimiento no es constante en todas las partes del mundo. Según el Informe de perspectivas de urbanización mundial 2018 de la ONU, se espera que la población urbana mundial crezca en 2.500 millones de habitantes entre 2018 y 2050, con casi el 90% de ese aumento concentrado en Asia y África. Mientras aumenta la población, también aumenta la demanda de energía, alimentos y agua. Asi, la presión sobre los recursos escasos se ve agravada por el impacto negativo que esto tiene sobre el clima y el medio ambiente.

Según la misma fuente, pero en lo más destacado del informe de 2019, por primera vez en la historia, en el año 2018 el número de personas de 65 y más años superó al de menores de cinco años. Las proyecciones indican que para el 2050, habrá más del doble de personas sobre los 65 años en comparación con niños menores de cinco años y más adultos mayores que adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años.

Predecir cómo será el mundo en el futuro y el comportamiento de los seres humanos nunca es fácil. La pandemia del COVID-19 nos ha demostrado cómo pueden desaparecer nuestras certezas en poco tiempo. Cualquier investigador coherente se rasca la cabeza al tratar de pronosticar cómo se comportará el mundo después de esta crisis económica, y cómo se desarrollarán las relaciones laborales, los viajes y los flujos migratorios. Pero la tendencia a la urbanización en el mundo, con la creciente preocupación por el cambio climático y el envejecimiento de la población, es algo que ya podemos observar y que sin duda cambia la forma en que se diseñan las ciudades y los edificios. Como arquitectos, ¿cómo podemos prepararnos para responder a las necesidades y deseos específicos de cada persona y, en consecuencia, a su bienestar individual, en un futuro no muy lejano?

Quizás una respuesta simple sea: a través de un uso más consciente y coherente de los recursos humanos, naturales y financieros, así como también de los espacios. Sin duda, el impacto de internet es algo que debe ser considerado seriamente, y con un acceso más extendido, los patrones de consumo y los modelos de negocio están cambiando rápidamente, lo que afectará directamente la vida cotidiana. Se estima que existen más de 5 mil millones de usuarios de Internet (es decir, alrededor del 64% de la población mundial), con un 50% de acceso en movimiento; las personas conectadas son cada vez más nómadas y móviles, aunque es probable que la pandemia haya cambiado esto de alguna manera.

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