Crónicas del Huasco: El pool y billar de los Mérida

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Por más de medio siglo, el salón de pool y billar de los Mérida, ubicado en la esquina de Prat y Santiago, fue el punto de encuentro obligado de muchas generaciones de jóvenes y adultos aficionados a este deporte. También lo fue de quienes solo querían mirar a las lolas y liceanas que pasaban por allí, considerando que estamos hablando de pleno centro de la ciudad. Resultaba “taquillero” pararse en esas amplias puertas del antiguo local. “Puros vagos y viciosos”, decían en
cambio las señoras criticonas, refiriéndose a los habitúes de este salón.

El visionario hombre de negocios que abrió este salón de juegos, cuando en Vallenar no había literalmente nada en que entretenerse, fue Eugenio Mérida Pérez, nacido en Bolivia, quien llegó a Chile siendo un niño, al alero de su madre Enriqueta Mérida de la Borja, quien tomó la decisión de establecerse en Domeyko, atraída por las noticias de bonanza económica que generaba en su época de esplendor esta localidad minera, siguiendo de este modo el camino de muchos inmigrantes “turcos”, chinos y griegos que la habían antecedido.

Cuando su padre alcanzó la edad adulta, ya se había consolidado económicamente como comerciante y llegó a tener prácticamente una cuadra de negocios diversos en ese poblado. Hace
unos 78 años, cuando comenzó a decaer la fiebre dorada en ese pueblo, vendió todos sus bienes y se trasladó a Vallenar, donde su primer interés fue comprar la casona de Prat esquina Santiago para habilitarla como hotel; sin embargo, nunca lo pudo lograr, considerando que falleció en 1962.

“Cuando mi padre llegó a Vallenar, a principio de la década del cuarenta, quería comprar esa propiedad que, en esa época tenía piso de tierra, con el fin de colocar un hotel , pero no se la vendieron, porque las dueñas y herederas que eran unas viejecitas, entre ellas, doña Lidia Cerda, quien le dijo a mi madre que no iban a venderla hasta que fallecieran, porque ellas vivían del arriendo, pero que no se preocupara porque cuando eso ocurriera su hijo Raúl se encargaría de
vendérsela. Sin embargo, entre medio apareció un conocido abogado y político de la comuna (nos reservamos su nombre, porque no llevamos su versión) que cambió todos los papeles, declarando
inhabilitada a la señora Lidia, a pesar que estaba en su sano juicio, y le compró la propiedad al hijo de ella (Raúl) y nos sonó porque ya estaba todo arreglado con el banco”, comenta Juan Mérida Urbina, quien continuó el negocio de su padre, dejando incluso de lado sus estudios superiores que, a sus 20 años, cursaba en la Escuela de Minas de La Serena.

En este relato no se puede dejar de mencionar que, por muchos años, le acompañó Juanito López, un personaje de ese local, quien atendía no solo las mesas de pool y billar, sino también los taca-taca. Él era hermanastro del padre de “Chito” Mérida y falleció en 2017.

El tradicional e histórico salón de pool y billar cerró sus puertas hace unos cinco años y Juan Mérida trasladó las mesas de juego a su nueva dirección en calle Sargento Aldea. Atrás quedaron más de 50 años de historias, de discusiones, de entretenciones y, sobre todo, de buenas amistades.

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