Luis Carmona: artesano de las artes plásticas por vocación

Spread the love
Por: Sergio Zarricueta Astorga
“Ingeniero de profesión, artesano de las artes plásticas por vocación”. Así se define Luis Carmona García, el conocido caricaturista, dibujante y serigrafista que ha marcado una trayectoria con su arte en Vallenar. Nació en Potrerillos el 3 de diciembre de 1954. Es el tercero de seis hermanos (Manuel, Cesar -QEPD-, Anita, Sergio y Rosita) del matrimonio que conformaron don Luis Alfredo Carmona y doña Rudy García, quienes en 1976 decidieron volver a su tierra natal, dejando atrás toda una vida en el hoy desaparecido campamento.
“Por intermedio del profesor Honorio Mieres conocí a un niño experto en el tema de la serigrafía. Él manejaba toda esa técnica, pero le faltaba alguien que hiciera dibujos. Así fue que estuve dos años trabajando con él, hasta 1984, cuando regresó a Copiapó y seguí solo en el taller que nos había financiado don Honorio. Al año siguiente, empecé de lleno a trabajar en serigrafía”, comenta sobre sus inicios artísticos, obligado por las circunstancias económicas de la época. Recién se había titulado de ingeniero Ejecución en Minas en la Universidad Técnica del Estado de Copiapó, pero la pega escaseaba.
Una institución que creyó en la capacidad artística de Lucho Carmona apenas empezó su trabajo serigráfico fue el Deportivo Algarrobo que le encomendó sucesivos trabajos. “En ese tiempo estaba don Arnaldo Cavassa como secretario ejecutivo y le hice muchos trabajos en serigrafía, además que me tenía buena, especialmente para las olimpiadas, donde también armaba los escenarios para los shows”, agrega.
Reconoce que sus innatas condiciones artísticas las heredó de sus padres. “Desde cabro chico que era bueno para el dibujo, dibujaba al Pato Donald, además que he sido un eterno admirador del Condorito. En la enseñanza media tuve una experiencia muy bonita al servirle como alumno para la tesis a una niña que estudiaba Artes Plásticas. En ese tiempo, estaba internado y ella iba para allá y hacíamos juntos el trabajo de su tesis. En esos mismos años, hacía los dibujos de los niños que se candidateaban para el Centro de Alumnos en un tiempo que estaba bien politizada la cosa estudiantil, te hablo de los años 1970 y 1971. Por otra parte, cuando estudiaba en la Universidad Técnica del Estado en Copiapó, hice una exposición de dibujos sobre los profesores y algunos alumnos, durante la fiesta de aniversario que fue muy bien recibida”.
Curiosamente, a pesar de contar con un título técnico en la mano, nunca pudo ejercer su profesión. “Tuve todas las oportunidades, incluso, cuando mi viejo fue superintendente de Materiales en Codelco, tenía las esperanzas que al salir de la universidad iba a entrar a trabajar en la empresa. Pero, cuando me recibí, mi viejo ya se había venido a Vallenar y, aunque pasé mis antecedentes a Codelco, nunca me llamaron. Hasta Punta Arenas mandé currículo, incluso un amigo me invitó al extranjero, en esa época que el país estaba pésimo en lo económico, allá por 1981 a 1983. Así es que no me quedó otra alternativa que abrir mi rubro de Impresiones Carmona y, gracias a Dios, me fue muy bien. Ahora vivo tranquilo junto a mis viejos, lo que valoro mucho porque yo estuve desde los 11 hasta los 26 años fuera de mi casa”.
Consultado si a lo largo de estos 40 años que lleva dibujando a personajes de la ciudad y la región ha tenido experiencias positivas y/o negativas, comenta que “soy enemigo de usar el dibujo para ridiculizar a la gente”. En este sentido, recuerda su sección de Facebook que tituló “Carmoni-cosas”, donde hacía alusión a la contingencia local a través del dibujo, pero desistió de seguir creándola, porque empezaron a aparecer los personajes con epidermis sensible. “no soy de la onda de meterme en problemas, menos andar peleando con la gente, como pasa hoy con los famosos memes…. Yo no soy muy hábil con la tecnología computacional, pero se pueden hacer cosas muy lindas y, en cambio, la gente hace puras burradas, ofendiendo a los demás”.
El año 2000, Luis experimentó en otra faceta del arte: la escénica. “Ese año tuve la ocasión de conocer a una gran persona, como era don Noel Montero Cuadra, quien me integró a su grupo de teatro, algo que nunca imaginé que podía haber hecho. En la escuela nunca recité, nunca pesqué una guitarra y nunca participé en nada, porque era de muy bajo perfil. Con el teatro aprendí a desarrollarme socialmente y como persona. Conocí muy buena gente, teníamos un grupo precioso”.
Lucho Carmona dice que, si volviera atrás en el tiempo, volvería a repetir el mismo camino humanístico andado hasta ahora, porque comprobó que el arte engrandece el alma y lo regocija: “conozco a muchos amigos que tienen buen billete, buena plata, todos los bienes materiales que anhelaron, pero tienen una vida solitaria, insatisfecha y vacía. Varios de mis amigos se fueron a vivir a La Serena, compraron una casa grande con una parcela y no saben quién es su vecino, no tienen amistades y viven solos… no son felices; en cambio, yo donde voy tengo amigos, conversó con ellos, comparto con todo el mundo, porque me conocen; estoy con mi gente a diario y tampoco tengo mal pasar, de qué me voy a arrepentir”, concluyó junto con agregar que tras la muerte de su padre se hizo cargo de la librería familiar junto a su hermana Rosita.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *